La Galaxia sin dogmas: ¿Qué es el “equilibrio” en Star Wars?

El duelo entre Vader y Luke en la Estrella de la Muerte es una de las escenas más validadas del cine de ciencia ficción.

El duelo entre Vader y Luke en la Estrella de la Muerte es una de las escenas más validadas del cine de ciencia ficción.

Star Wars, la saga más exitosa del cine de ciencia ficción, tuvo su desenlace hace 31 años. Sin embargo, aún hoy replican diferentes interpretaciones acerca del final de la historia y entran en juego cuestionamientos sobre sus personajes principales: ¿quién o quiénes son los protagonistas de la mejor historia jamás contada?, ¿qué simbolizan los Jedi y los Sith?, ¿tiene intereses de crítica social esta colección de megaproducciones? Un post para reflexionar…

Por Damián Herrera | dherrera@elsitiodelheroe.com

Muy a pesar de que ya han pasado más de 31 años desde su primera proyección en los cines estadounidenses, Star Wars: El regreso del Jedi sigue siendo, incluso en los días que corren, una de las películas que mayores espacios ha dejado para las discusiones acerca de su épico desenlace. Propia de una era en la que no existía el fenómeno de Internet, la Globalización era tan sólo una mirada epopéyica del futuro e, incluso, a muchos rincones de la tierra, la telefonía celular ni siquiera había llegado, la confrontación decisiva entre Luke y Darth Vader fue una conclusión que levantó incontables posturas e interpretaciones que se propagaron mundialmente.

No faltaron debates ni discusiones grupales en convenciones acerca de esta temática luego de que, en lo más profundo de la Segunda Estrella de la Muerte, el joven vástago de Anakin Skywalker desistiera de rematar a su padre y éste, en un maremoto de sensaciones, arrojara al Emperador Palpatine a la muerte en un acto altruista, incluso a costa de su propia vida. Desde luego, con el correr de los años y frente a la aparición de la pre-saga que fue de 1999 a 2005, las polaridades entre las hipótesis de unos y otros se hicieron mayores y, sin duda, éstas encontraron un canal más efectivo en la era digital.


La feroz lucha ante Luke y el posterior sacrificio al ver en riesgo a su hijo en manos del Emperador constituye el gran oxímoron de Vader en el Universo Star Wars.

Por ello, no es nada ajeno a la realidad, en pleno 2014, toparse con publicaciones en foros de fanáticos que cuestionen la legitimidad de los eventos que dieron un cierre a la saga original (y digo original, porque los venideros episodios VII, VIII y IX serán una adaptación libre de la única e inigualable trama de George Lucas, con fines de marca muy diferentes dadas las pretensiones de un monopolio como el de Walt Disney Company). Y, por absoluta decantación, la mayor divergencia es en cuanto a la autenticidad del llamado “Elegido” (desde luego, por Anakin/Vader). Es decir, ¿es héroe, villano, realmente protagonista de las seis películas?, ¿y qué hay de Luke?, si su padre no lo era, ¿tal responsabilidad pasó a sus manos?, ¿por qué renuncia a su deber con la Galaxia y se entrega a lo que hubiese sido su inevitable final de no ser por la ayuda de su progenitor?…

Más allá de la manera en la que estos cuestionamientos pudieren ser formulados o argumentadas y expuestas sus contestaciones, existen una serie de circunstancias alusivas a grandes convicciones filosóficas en torno al epílogo de esta serie de cintas (a mi criterio personal, la mejor lograda de la historia del cine de ciencia ficción). La desencadenante inicial, y posiblemente más importante de ellas, es – con el permiso para la obviedad – la definición del vocablo “equilibrio”; a fin de cuentas, Anakin es el profetizado salvador de la Galaxia y quien “dará equilibrio a la Fuerza”.

¿Por qué es que muchos sostienen que el niño que se fue de Tatooine a los nueve años no cumplió con su misión? Fácil, porque el desarrollo de cada uno de los largometrajes de la saga se plantea desde una focalización determinada, que ayuda a comprender la coyuntura problemática que puede acarrear la excesiva institucionalización de ciertas agrupaciones sociales (tendenciosamente religiosas). En palabras mucho más sencillas, durante los episodios I, II y III, se pone frente al espectador al crecimiento del personaje en el marco de la Orden Jedi y de qué manera ésta configura sus modos de vida, sus valores y su vocación de servicio a la República de acuerdo a su propia interpretación de la Profecía del Elegido y de varias otras transmisiones ancestrales.


Algunas explicaciones de George Lucas acerca del rol de Anakin/Darth Vader en la historia.

Decenas de miles de años de estructura, incontables reconocimientos por sus actos de justicia en todos los sistemas y victorias sobre sus enemigos públicos, los Sith, en bíblicas contiendas llevaron a maestros y caballeros a un estado de autosuficiencia, en grado tan elevado como para creer que “equilibrio” significaba la perpetuidad de sus normas y la vigencia de sus talantes en tanto desaparición de ideologías opuestas. El mundillo Jedi tenía la convicción de ser tan capaz, tan noble y tan necesario para la sociedad que sostuvo ser la única fuerza del universo y descreyó en la posibilidad de que, de modo latente, el mal estuviese asechando sobre sus propias cabezas. Su altruismo, su determinación y su sentido del deber gestaron en la Orden la peor forma de corrupción, esa de la que no se tiene idea hasta que ya es demasiado tarde.

Pero, si los Jedi entendieron que “equilibrio” era un mundo sin los Sith, a sus oponentes no les fue demasiado diferente a la hora de interpretar lecturas del destino: en su sed de poder y vorágine de maldad, Darth Sidious (o Palpatine) sacrificó a sus discípulos más funcionales, Tyranus (Conde Dooku) y el General Grievous – que incluso eran temidos por los Jedi – como parte de un plan mayor para dar vida a su arma definitiva, Darth Vader, junto a quien erigiría luego el Imperio. Sus pretensiones lo llevaron a abandonar la razón y, como lo exige el manifiesto Sith, consagrar sus acciones a la pasión, tan riesgosa como la viciada armonía de los aprendices del Maestro Yoda. Así como sus enemigos equivocaron “equilibrio” con perpetuidad, Sidious confundió su significado con dominación.

El equilibrio es la compensación de dos fuerzas opuestas sobre un individuo, la anulación de las mismas para que tal cuerpo pueda desplazarse con la libertad de no estar ligado a los efectos de una u otra. Y ese es el regalo que Anakin Skywalker, o Darth Vader, le entrega a la Galaxia al final de la historia: como agente de la justicia, tiene una destacada participación en la Guerra de los Clones, pone punto final al terror del funesto Conde Dooku y, en su reivindicación final en el Episodio VI, prueba ser el único con la fuerza suficiente para eliminar al Emperador. Como Sith, acaba con el condecorado Mace Windu, destruye el Templo Jedi y a todas sus generaciones futuras y obliga a Yoda y Obi-Wan a llevar la vida de “los guardianes de la paz y la justicia en la Galaxia” al exilio (tal como los Jedi habían hecho con los Sith por durante mil años).


La narración de Obi-Wan a Luke sobre su padre y la extinta Orden Jedi (Star Wars Episode IV: A New Hope).

En resumidas cuentas, el chico concebido por las midiclorias es efectivamente el mismo del que habla la profecía y, por consiguiente, quien le da balance a la Fuerza. No del modo en que sus padres en la historia, ni los espectadores de las películas, esperaban y sí al altísimo precio de acabar tanto con los Jedi como con los Sith. Es decir, cumple con su misión de dar equilibrio en la compresión más pura de tal significante y no a través de visiones segmentadas de “éstos” o “aquellos”.

Desde luego, y he aquí la razón por la cual puede sostenerse que Anakin/Vader es indefectiblemente el protagonista de los seis episodios, esto se concibe porque todos ellos exponen el hecho de que vivimos en una realidad factual y que, desde las convicciones y dogmatismos que acuñamos a lo largo de nuestra existencia – incluidas las nociones de bien y mal – ubicamos nuestros modos como algo que no puede ser refutado ni resignificado. O sea, llegamos a considerar que nuestras disposiciones y las de los demás pueden ser cuantificadas en valores de bondad y maldad, de justicia e injusticia, cuando en realidad esas cuestiones se vician de la unilateralidad de su ejecución.

Así, es como Lucas pone en la pre-saga a Skywalker padre desde la perspectiva de un bando culturalmente correcto que vela por la libertad, la unidad y la democracia y, en la trilogía original, lo vemos liberando sus pasiones y adscripto a la rama tiránica del poder, sometiendo sistemas e infundiendo horror para conseguir los fines del Imperio. A través de él y sólo de él – aunque se lo plantee como un villano en las cintas de 1977, 1980 y 1983, enmascarándolo como el antihéroe de su hijo Luke, desde quien toma focalización el relato – es que podemos comprender de qué manera se han edificado los principios de los Jedi y de los Sith y entender por qué ninguna de las dos agrupaciones debía continuar existiendo. Razón más que noble para discurrir en que la valoración final de una saga tan profunda como la de Star Wars no puede medirse desde la explicitud de su narración o que todo aquello que llega de tan monumentales filmes a nosotros a través de la percepción visual y sonora debe ser tomado con la liviandad de los sentidos.

 

  • Aclaración: el análisis anterior ha tomado en consideración el argumento de los Episodios I a VI del material cinematográfico, escrito y dirigido por George Lucas. Por tanto se han dejado fuera de él la conformación de la Nueva Orden Jedi o del Resto Imperial, entre otras cuestiones, pertenecientes al Universo Expandido.

1 Comentario en La Galaxia sin dogmas: ¿Qué es el “equilibrio” en Star Wars?

  1. Excelente!

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